top of page
2[1].jpg

ANTICIPANDO EL CONFLICTO: PERIODISMO Y LUCHA

  • Foto del escritor: revista angiru
    revista angiru
  • 7 jul
  • 7 min de lectura

“Hay que escuchar el entorno, a los más vulnerables”, sentencia Mónica Colunga. Periodista de más de 35 años en la provincia, se desarrolló en la lucha, la política y en la mirada por quienes se ven más vulnerados por el poder. Fue perseguida y censurada. En los años 90 su aporte fue necesario para el desarrollo de un oficio y una sociedad. Hoy hace un repaso del aporte social que deja todos los días en su labor de observadora. 


Una entrevista por Sofía Miño


 Cuando Mónica Colunga comienza a pensar en el paso de su vida y en su carrera, es sincera, es mucho por repasar. La periodista y abogada emblemática de la ciudad de Corrientes tiene 53 años. En una provincia donde todos parecen ser bien portados y se establecen en el margen de lo lindo, lo normal y escuchable, la periodista siempre puso el cuerpo por medio de su palabra por una sociedad justa y honesta. 


 De pelo azabache, siempre tirante y ordenado, con mirada determinada y acompañada de su abrigo rojo vinilo, ella siempre dio el presente en los debates y luchas sociales en la ciudad de Corrientes. Todo comenzó con una curiosidad en quinto grado cuando su maestra le ofreció comenzar un proyecto de diario escolar, la pregunta que lo empezó todo fue tan simple como: ¿Cómo se hace eso? 


Desde ese momento, con lucha, esfuerzo y trabajo, en los años 90 en Corrientes, en escenarios críticos, Mónica puso el cuerpo y le tocó pasar situaciones de censura y persecuciones por usar su palabra. “Uno cuando hace periodismo no deja de ser quien es”, asegura con una convicción que construye desde muy joven.


¿Cómo y cuándo comienza a ejercer periodismo?

 Bueno, eso es difícil de contar o saber, de acordarme, ¿no? -ríe- pero me acuerdo de estar en la primaria, yo iba a la escuela Nuestra Señora de la Misericordia y había un diario escolar. Era una iniciativa llamada “El Chingolito” que había hecho nuestra maestra de quinto grado. Entonces había que realizar labores para poder sostenerlo. A mí me gustaba dibujar, colaborar. Había que vender publicidad, el que tenía dinero podía sostenerlo. Yo vengo de una familia clase media, clase trabajadora, de gente que lucha, entonces dije: bueno, ¿cómo se hace esto?


 Le vendía publicidad a mis vecinos, me llegó a comprar una farmacia del barrio, entonces empecé a entender cómo era esto de financiar un proyecto comunicacional. También recuerdo pintar las tapas a mano los sábados a la mañana con mis compañeros de cada edición.


 Mónica en su juventud recorrió infinidad de espacios que la llevaron a usar su palabra. En la secundaria; “Escuela de Comercio Manuel Belgrano” hizo un diario escolar con el centro de estudiantes, del cual era vicepresidenta. Inició así su movimiento en los grupos sociales y políticos, se encargaba de coordinar con grupos de acción política. “Cuando comienzo la facultad de abogacía en el 89, sabía que tenía que generar algún ingreso. Había una crisis atroz y quería hacer algo para ayudar en mi casa”, recordó esa situación que la llevó a trabajar. 


¿Cómo fue iniciar en el oficio? 

 Durante el secundario formé parte de un club de periodismo y literatura, así que lo que sabía, era eso. De a poco, con la práctica que me habilitaba a lo que escribía y comunicaba en el diario del secundario, fui llevando escritos y pequeñas participaciones a distintos diarios locales. Un día me invitaron a participar de una radio de difusión de la campaña electoral del Partido Justicialista. 


 Con el tiempo comencé a colaborar con el diario “El Litoral” y después empecé a trabajar como redactora en el diario “De Corrientes”, que ya no existe más. Con el tiempo pude tener mi propio programa de radio en FM, escribía locales y después ya comencé a entretenerme con la parte legislativa y judicial, a fin de mi carrera de abogacía, era todo el tiempo de aprendizaje, relaciones políticas, militancias. Me ayudó a entender la estructura y funcionamiento de un mundo del cual no era parte. No era “hija de” entonces estos espacios me permitían estar en el lugar del observador. 


 Tal como su familia, Mónica entiende que la vida se construye luchando en el trabajo. “Yo me hice en el trabajo, soy del oficio y fui desarrollándome tanto como de periodista y abogada al mismo tiempo”


Sin embargo, trabajó muchos años en la radio, en distintas emisoras, ¿Le gusta más? ¿Sentía que podía expresar su palabra de manera más directa? 


 Yo comencé en los años 90 y fue toda una progresión hasta entender que me salía mejor. Entendí, después de trabajar en varios sectores, que era con lo que me sentía más cómoda. Sin embargo, presentó desafíos. Cuando yo me casé, fui despedida en el diario en el que trabaja porque no aceptaban personas en situación de embarazo para no pagar los cargos sociales. Es así como termino trabajado en una radio que justo estaba bajando una señal satelital y necesitaban un programa local y bueno, llevé mi currículum. 


 Me gusta la radio porque tiene otro tipo de factores que la televisión. Hace que uno no se enfoque tanto en el adorno y sí en un contenido conceptual que transmite la palabra. Uno puede conectar de otra manera. A mí siempre me gustó recibir el impacto del oyente, que exista un feedback. 


 Cuando Mónica habla de su trabajo, sus inicios, entiende que habla de espacios reducidos, donde no existían las redes sociales ni el internet y eran espacios de mucho acomodo. Entiende que nunca fue fácil entrar e insertarse en circuitos muy cerrados de gente que estaba conectada con la política. “Estaban en el periodismo porque tenían vínculos, pero supongo que para ellos tampoco habrá sido fácil, es una profesión que requiere pensar mucho”, reflexiona. 


Sin embargo, llegando al Correntinazo del 99, entre tanta tensión y lucha por parte del pueblo, ¿a usted le tocó pasar por momentos complejos?


 En ese momento la tensión política era muy fuerte y yo tenía una radio, que la había puesto en un acuerdo con Nicolás Garay, presidente del Partido Liberal. Él, en ese momento, era diputado nacional y nosotros le dábamos voz a la oposición, pero la idea era que hablaran todos. Nosotros hicimos un compromiso, para que todos tengan la capacidad de hacer uso de su palabra, de expresarse. 


 Creé un sistema de interacción inmediata entre el entrevistado y la audiencia. Esto habilitaba a que alguien de la sociedad pueda hablar en vivo, darle una opinión, mirada o comentario al invitado del día. Era una oportunidad que se le daba a la gente de interactuar con personas que tienen responsabilidad pública. Esto generó fascinación en la política local, pero también impactó, porque muchos lo entendían como degradamiento a su imagen, especialmente al oficialismo del momento. Y bueno, tenían siempre alguno que era más papista que el papa, era gente obsecuente, dispuesta a lastimar a aquellas personas que le generan alguna incomodidad al que está al frente de las cosas. 


 Durante el correntinazo del 99 me pasaron muchas cosas. Balearon la radio en la que yo trabajaba, como también pusieron una bomba de estruendo en el techo de esta, donde destruyeron una buena parte. Además del sinfín de amenazas, recibíamos intimaciones en la radio, por diferentes causas, pero todas eran formas de molestar. 


 Estos actos de intimidación y censura, la periodista los resume en “nunca se supo quién fue”. Sin embargo, cuando el ministro de Salud de ese momento - Juan Pedro "Vasco" Schaerer - fue culpable de mandar a colocar una antena en el tanque de agua del Hogar Escuela, la cual tapaba la transmisión de la radio, todo estaba dicho.  “Nosotros logramos, con un ingeniero, ubicar el lugar en el que estaba la antena y llamamos a la poca gente que podía escuchar nuestra radio y avisamos que estaba interferida, entonces rodeamos el Hogar Escuela hasta que vino el procedimiento jurisdiccional y gendarmería bajó el transmisor que interfería”, explicó con liviandad los mecanismos de censura y presión que se ocupaban en un Corrientes, que parece, hoy en día, irreconocible.


Y todas estas situaciones, ¿cómo las vivía de forma personal? ¿Qué le generaban? 

 En ese momento, mucha bronca. Pero también te potenciaban internamente, hacían que buscara recrear las condiciones, de buscar salidas, alternativas. La competencia en lo económico te limita bastante, porque estás compitiendo con gigantes, medios de comunicación que son los brazos de intereses corporativos, con un discurso político que buscan sostener y generar convicción. Nosotros queríamos desmontar ese discurso.


Al ser una persona con mucha presencia política: ¿Cómo lo lleva al periodismo? ¿Considera hacer periodismo militante? 

 Desde el principio, cuando inicie mi labor comunicacional en el centro de estudiantes del secundario, siempre estuvo ahí. En el cual también participaba Sonia López, actual diputada y presidenta del Partido Comunista. Participamos en el diario, organizamos reuniones, bailes y charlas. Resolvíamos problemas y me rodeaba en un entorno de mucha participación política, es un factor que siempre estuvo presente. Para mí es importante, entonces, siempre hablar en plural, porque nunca fui sola, siempre había gente alrededor que tenía iniciativas. Yo creo que es lo que nos salva, saber que uno es partícipe de la sociedad. 


 Mónica Colunga entiende que el periodismo social es uno especializado en la sensibilización de lo que construye la realidad de las personas en la cotidianidad. “Cuando uno hace periodismo, no deja de ser quien es, es muy difícil sustituir las prácticas que uno tiene con algo que uno no es, hay muchos que son impostores, pero a mí nunca me salió muy bien eso”, comenta sobre su acercamiento hacia esos sectores críticos, buscando siempre anticipar el conflicto.  “Eso es un aporte que uno puede hacer a partir del entendimiento del entorno personal, uno con la palabra puede resolver un nudo que se está gestando”. 


 Entiende que desde el oficio se puede clarificar miradas, ser honesto, aproximar posiciones que no han sido vistas o mal vistas, pero eso se debe desarrollar con cierta sensibilidad, no basta con el entendimiento racional, sino con el sentido humano.


“Uno realiza un aporte según el entorno que reconocemos y nos define. Yo considero que con los elementos que tuve, si bien no fue fácil, logré hacer un aporte social”.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


Logo Principal de Revista Angiru

Angirû  es una revista para quienes creen en la fuerza de las historias bien contadas y en el poder de la empatía. Es la suma de voluntades estudiantiles cuyas ideas se transcriben en reflejar lo que sucede alrededor nuestro.

  • Facebook
  • Youtube
  • casa club
  • Instagram

© 2025 Creado por Revista Angirû con Wix.com

bottom of page