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NECESITAMOS HABLAR DE SUICIDIO

Foto del escritor: revista angiru
revista angiru
10 sept
5 min de lectura

  El suicidio es una problemática de salud mental que se ha incrementado en los últimos años desde la pandemia. A nivel nacional el aumento fue del 40% registrado durante abril con respecto a años previos. Tan solo en el puente General Manuel Belgrano, fueron 260 los intentos de suicidio, evidenciando lo que notifica la alerta roja dentro del sistema nacional de vigilancia sanitaria. 


Texto colaborativo de:

Martina Biazoni

Irene Irupe Isnardo

Luana Tito


Ante esto, en la conversación mediática volvió a aparecer un intento de “respuesta” que se viene discutiendo desde hace años: instalar mallas de protección en el puente, sistemas de alerta y puestos de asistencia para evitar que las personas tomen la decisión de terminar su vida allí. El proyecto de ley para la creación del Programa Nacional de Prevención de Suicidios e Intentos de Suicidio de personas, en sitios de alto riesgo para la vida e integridad sicofisica, ya ingresó a la cámara de diputados en el Congreso Nacional y fue presentado como una medida urgente ante la cantidad de casos registrados en el Nordeste Argentino. Pero ¿realmente se está trabajando en prevención del suicidio, o solamente se está intentando sacar el problema de la vista?

 

Los números no son nuevos. Sin embargo, hablar de suicidio sigue siendo tabú.


 Cada cierto tiempo el tema vuelve a instalarse junto a promesas políticas sin una profundización acorde. La meta parece estar en omitir la escena del suicidio y evitar ampliar el panorama para observarlo como lo complejo y multicausal que es. 


Por un lado, la falta de prioridad de la salud mental en el boletín oficial, ejemplifica un abandono gubernamental ante la ausencia de eficientes políticas públicas.


 La carga de datos oficiales que registran los suicidios e intentos de suicidio sigue siendo una implementación en desarrollo en el Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS 2.0), el cual no existía durante 2022. 


Este no es un debate reciente, sino que la alarma nacional y regional comienza a detectar cuál podría ser la estadística más acertada, aunque ya a fines de los 90 e inicios de los 2000, en Corrientes se hablaba de que por cada suicidio concretado había 20 o más intentos. Así lo comentó Myriam Begué, quien fue directora del Centro de Atención Integral de Adolescentes, y estuvo a cargo del Programa Provincial de Asistencia al Suicida en la provincia durante 1997 y fines de la década de los 2000. 


Puente General Belgrano (Chaco - Corrientes)
Puente General Belgrano (Chaco - Corrientes)

 La prevención no puede quedar simplemente en el sistema sanitario. Es necesario, por su carácter humano y multicausal, que se articulen redes comunitarias entre lazos sociales e institucionales, políticas públicas y la misma cultura para afrontar la problemática que no distingue entre diversidades sociales, políticas, culturales o económicas. La salud mental, nos involucra a todos.


 El teléfono por la vida fue una de las primeras implementaciones en 1997 que estuvo disponible para la asistencia al suicida. Se trató de una línea telefónica atendida por voluntarios disponible de 15 a 23 hs, que luego se fusionó con la línea 135 junto al Ministerio de Salud Pública provincial que hoy atiende las 24hs. 


En 2010 se sancionó la Ley Nacional de Salud Mental 26.657 que garantiza el derecho a la protección de la salud mental, aunque hasta el día de hoy existen dificultades en el acceso a tratamientos de calidad.  Myriam relata haber trabajado mucho en escuelas capacitando a docentes, asistiendo en el interior y en capital, en los lugares en que se había producido un suicidio para evitar el efecto contagio y hacer una autopsia psicológica del hecho. Para ella, uno de los errores más comunes es creer que hablar del suicidio empeora la situación. En realidad, es exactamente lo contrario.


 “Hablar del suicidio desmantela, en muchos casos, la idea”, comenta. Muchas personas viven pensamientos obsesivos y recurrentes que se vuelven todavía más peligrosos cuando quedan encerrados en silencio, con culpa o miedo al juicio social. “Voy por un túnel oscuro donde no veo alternativa. No es porque no existan, es porque yo no las veo”, explica. 

 

Mientras que se discute una inversión para colocar mallas en el puente, los servicios públicos de salud mental siguen desbordados, con falta de profesionales, turnos insuficientes y escasos espacios de atención comunitaria. A la par, la cobertura por parte de los medios locales deja mucho que desear, mostrando una falta de responsabilidad, sensibilidad y generando revictimización a la hora de comunicar. 


Tanto las ideas suicidas, como el hecho en sí, no aparecen de un día para otro ni se resuelven con barreras físicas. Detrás hay sufrimiento acumulado, soledad, problemas económicos, abandono emocional, consumos problemáticos, violencia, depresión y una enorme dificultad para acceder a ayuda profesional. Poder decir lo que pasa, ser escuchado y no sentirse juzgado puede representar un alivio enorme para alguien que atraviesa una crisis. “Eso es descomprimir una bomba, es desactivarla”, concuerda Myriam. Muchas veces quienes buscan ayuda se encuentran con respuestas frías, minimización de lo que sienten o directamente una ausencia ante las alarmas. 


 El problema no arranca en el puente, por lo que la prevención real debería empezar en nuestros espacios cotidianos: escuelas, barrios, clubes, centros de salud y espacios comunitarios donde las personas puedan sentirse escuchadas. 


 Para Begué hay una articulación fundamental entre medios de comunicación y las familias en el estado de asesoramiento, formación y transmisión de información. Se debe incentivar y buscar la aptitud, capacidad y voluntad para poder entender que hay riesgos en conductas que a veces se pasan por alto debido a la ignorancia en el tema. Y así, no caer en mitos erróneos como “lo hace para llamar la atención” o la indiferencia, llegando a estar atentos a las alertas. 


“En una oportunidad, estábamos en el centro del adolescente en reunión y se produce un llamado. El responsable del llamado interviene y cuando sale de la cabina nos dice que está viniendo un chico que estaba en el puente y al mirar por última vez alrededor ve el 135. Ve el teléfono”, recuerda Myriam. “Me preparé para atenderlo y vino corriendo. Estaba sin aire cuando llegó. Trabajamos mucho y él sintió que era como una cuestión divina”.

Así, entendemos que las líneas telefónicas, los señalamientos y cualquier medida que aborde a la atención del suicida puede evitar muertes en muchos casos, pero es esencial ir más allá y continuar con programas permanentes de prevención en escuelas, capacitación docente, acompañamiento familiar y equipos especializados en salud mental dentro del sistema público, ya que el suicidio no se previene solamente evitando una caída. Se trata de construir redes en las que podamos sostenernos mutuamente.


 Begué considera que el suicidio es la manifestación de que algo no está funcionando, ya sea a nivel del entorno significativo inmediato de la persona, o de un contexto más amplio que va generando desesperanza. Ella plantea la pregunta, ¿vivimos en un contexto esperanzador?


Y nosotras, acompañamos el cuestionamiento apuntando a que después de cada noticia, con cada intento o debate público, las incógnitas siguen siendo las mismas. ¿Cuántos jóvenes tienen acceso rápido a asistencia? ¿Cuántas escuelas cuentan con programas permanentes de prevención? ¿Cuántos profesionales trabajan específicamente en crisis suicidas? Mientras esas respuestas sigan faltando, las mallas pueden tapar el puente, pero no el problema.


“Donde hay proyectos de futuro, los jóvenes pueden mirar hacia adelante” continúa. “Ningún decisor de políticas públicas debe olvidar preguntarse ¿Qué estoy haciendo por mi comunidad?’’ y sentencia “ayudar al otro es lo más humano y más maravilloso que le pueda pasar a cualquier persona, como decía Martin Luther King ‘si salvé una vida, no habré vivido en vano’ .


 En “El Suicidio: Preguntas y respuestas”, es expresado un sentimiento que compartimos “«Salvar una vida», la frase puede parecer simple y es dicha de forma mecánica. Deténgase usted un momento para meditar sobre estas tres palabras. ¿Ya lo ha hecho? Entonces coincidirá con nosotros que es algo tan o más valioso que concebir una nueva vida. Amigo lector: gracias por transformarse en un agente receptor y multiplicador de este tema que tanto nos preocupa a todos.”


 
 
 

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