Quiero llegar a casa
- revista angiru
- 3 nov 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 4 nov 2025

Un texto por Zahira Sarapura
Salgo de casa y pienso si guardar mis llaves en el bolso o ponerlas entre los nudillos. Me pongo mis auriculares tratando de silenciar mi mente y olvido los silbidos o palabras asquerosas provenientes de la vereda de enfrente o de un auto que pasa cerca. Agrego la cara de culo al outfit que siempre planeo cuidadosamente para no quedar como una puta, para no darles un motivo a quienes buscan justificaciones para hablarme en la calle con un aire de superioridad y dominio a pesar de no conocerme nada. Finjo no escuchar mientras mi corazón se acelera, preparado para correr, golpear, morder. No puedo, quedo como una loca si hago eso.
yo tengo la culpa si me puse una pollera,
yo me puse un jean,
yo me puse una tela inmensa
donde no se marca nada de mi cuerpo
Yo tengo la culpa por salir a bailar, ¿cómo se me ocurre?
Yo tengo la culpa por ir sola a la facultad,
trabajo,
escuela,
gimnasio,
a la casa de una amiga,
a la casa de mis padres,
al kiosco de la esquina,
a la librería
Llego a mi destino, estoy unas horas olvidándome y evitando el hecho de tener que volver a oscuras a mi casa. Entro a las redes para distraerme un poco y veo titulares:
MATARON A 3 CHICAS,
trabajaban de prostitutas,
tenían relación con narcos,
¿Dónde estaban las madres?
Busco en los comentarios indignación por la situación y me encuentro con miles de personas juzgando y crucificando la vida de las víctimas. Creando un debate para darle de comer a su ego narcisista, donde ellos saben más que todas las pelotudas que reclamamos un triple femicidio, cuando obviamente es un “ajuste de cuentas”, obvio te van a hacer algo si te metes con narcos.
Termina mi jornada, empieza la carrera llena de obstáculos inesperados. “¿Vamos juntas?”, la pregunta liberadora que desemboca en un suspiro que me relaja. Empezamos a caminar rápido, inconscientemente escapando o tratando de estar el menor tiempo posible afuera. Llega el momento de separarnos, es instantáneo el “avísame cuando llegás”.
Voy de nuevo sola, y mi mente me ataca: ¿qué van a decir de mí?, ¿se me va a juzgar también?, ¿buscarán los secretos más recónditos de mi familia para poder justificar mi muerte?, ¿qué pasaría con mis amigas?, ¿van a encontrar al que me mató?, ¿qué hago para que no me pase?
¿La gente es completamente estúpida o realmente piensan lo que escriben en Twitter?
Calla mi mente el sonido de una moto frenando cerca, muy cerca, y se disparan otros pensamientos:
— Tranquila, acá seguro es su casa y por eso frenó.
— No camines rápido, se va a dar cuenta, pero apurate por las dudas.
— Buscá negocios, pero no confíes en que te van a abrir.
— Vamos por otra ruta, una calle en contramano, vamos a estar un rato más afuera, pero podemos perdernos.
— Respirá boluda, respirá…
Estoy cerca de casa, pero ¿y si me están siguiendo?
Vuelvo a escuchar la moto. Si entro van a saber donde vivo, pero si no entro a mi casa y me pasa algo va a ser peor. Entro a un kiosco sin ganas de comprar nada, pero por lo menos tengo un lugar donde pensar por 5 minutos. Salgo de ahí con un chicle de menta que me saca el sabor amargo de un susto cotidiano pero igual de petrificante que el primer día que me pasó algo así.
Por fin llego, aviso por mensaje y sigo normal, como si nada de lo que acabo de narrar hubiese pasado. Me preparo una milanesa con fideos y espero a que el sueño invada mi cuerpo para prepararme de nuevo,
MAÑANA HAY OTRA CARRERA.
![2[1].jpg](https://static.wixstatic.com/media/2aced5_747948df6cf84b5fbbab925ead548d24~mv2.jpg/v1/fill/w_980,h_490,al_c,q_85,usm_0.66_1.00_0.01,enc_avif,quality_auto/2aced5_747948df6cf84b5fbbab925ead548d24~mv2.jpg)


Comentarios